A mi compleja profesora de Estrategia de empresa, "tutora de tesis" y más que nada, una amiga que disfruta de mi vida, como yo de la suya, a través de la pantalla del computador.
Buenos Aires, 4:37 am, junio 19 de 2008.
Cómplice…
Si las palabras escritas por este joven y solitario poeta,
Llegaran a ser famosas un día,
Es importante que se sepa que no son solo las paradojas de la vida las que motivan al pobre,
Sino también la impalpable pero presente compañía de una cómplice en la distancia.
El silencio prolongado y elocuente en la mitad de la noche era el síntoma de la inspiración,
Y mientras se comentaban historias y compartían imágenes propias y secretas,
la poesía brotaba de ideas que volaban por el universo interestatal que comunica a 2 individuos por un cable.
La imagen del sonido era suficiente motivo para escribir,
Y solo la noche podía ser el escenario perfecto para tales tertulias.
La respiración fuerte de una agitación que no se podía ver, sino solo oír,
Demostraba como la cómplice se divertía escuchando el sonido de las teclas.
El placer de lo prohibido y lo inadecuado motivaban una estrategia de una docente que solo sabia ser cómplice de las creaciones de su estudiante.
La vida unió a un poeta y un cómplice de poseía por la distancia y no por la cercanía, gracias a que el poeta siempre estaba solo pero ilusamente pensaba que siempre tenía compañía.
Pronto la distancia desaparecería y el temor del poeta de perder la imagen de una amistad video telefónica crecía…
Según los pronósticos del tiempo, los buenos aires borrarían el rastro de las palabras escritas sobre la arena de una red global.
El estudiante aprendió, enamoró y embelesó las noches de una maestra.
El poeta, como siempre, tomo la palabra, la escribió pregonando el tiempo y se recostó en su cama a esperar que llegara una nueva y nocturna algarabía.
David Rojas.
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